Cuando tenía doce años me inventé una manera para reírme de la vida. A veces, con mi hermano mayor lográbamos estos espacios inmensos. Yo convertía las tragedias de cada día en relatos llenos de humor que ocupaban las dos páginas del periódico que publicaba en las vacaciones de fin de año: FOTIME.
Foti, era efectivamente un flato, un pedo. Y el verbo que se desprendía de este sustantivo era Fotar. En casa las cosas muchas veces estaban fotadas, cuando mi papá está triste le sigo preguntando si está fotado; ¡Fotate! era una exclamación que se gritaba a pecho herido a quien estuviera acabando con la paciencia de alguien; y así se derivaban cientos de palabras con el prefijo casero FOT.
Por esto FOTIME, tiempo de fotar, tiempo de sacar todo lo que se callaba, de escribirlo, de volverlo una broma, de no tomarse todo tan a pecho, tan en serio. Muchas tragedias mojaron la tinta de mi periódico; el atraco al supermercado de mis pas, los robos continuos allá mismo, las peleas interminables entre todos en casa, la pérdida de años escolares, las depresiones, los llantos, las visitas de las tías y mis primos. Tenía secciones para todos, notas breves, clasificados, caricaturas.
El otro día para la clase de catalán tenía que hacer una redacción, la verdad me esmeré en no cometer tanta bestialidad ortográfica, cuidé los tiempos verbales, utilicé las palabras aprendidas en clase y los pronombres que sacan canas. A la profe le gustó, bastante, y de paso va y me pregunta: "¿tu ets periodista, oi?", le dije, "sóc antropòloga", fue lo único que se me ocurrió, quizá eso es lo que menos soy, al menos en el sentido tradicional o el
vox populi acerca de lo que es un antropólogo. Pero bueno, ahora pienso que le debí haber respondido: "si sóc periodista, des de petita...".