Cuando se deja de soñar hay una ilusión que se pierde.
Cuando abrimos los ojos de repente en la madrugada con el corazón agitado, quizá salimos de una lucha.
A veces al despertar abandonamos gritos desesperados que lanzamos en alguna calle que no caminamos nunca.
En otros sueños hay personajes que decidimos olvidar y aparecen de nuevo tratando de estar a nuestro lado.
A menudo en la infancia se sueña con brujas, y en medio de la noche nuestros padres escuchan nuestro llanto.
Quizá el vuelo perdido de una mariposa negra nos asusta y perdemos el cansancio y el sueño que teníamos.
O nuestra garganta que arde en medio de una gripe nos impide cerrar la vida y ponerla en reposo durante unas horas para que no enloquezca.
La noche y el frío pueden ser motivo de desvelo.
La oscuridad no le encanta a algunos niños y prefieren quedarse esperando largamente a la luz.
Pero cuando se deja de soñar despierto si hay algo que se ha perdido para siempre.
Amigos
Hace 10 años
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