
Para Morras
Una foto de una foto. Cinco horas o más. Nos reuníamos en secreto después de salir de clase. No queríamos más opiniones ni más anécdotas que no fueran las tuyas o las mías. Ya no recuerdo de qué tanto hablábamos, recuerdo sí lo que tomábamos: agua y un sánduche de pollo con pan de nuez, yo, una coca de dieta con una barra de chocolate, tú.
Compartíamos el gusto por el café. Tú fumabas un cigarro o dos o tres. Si acaso cinco, uno cada hora, uno cada historia. Afuera hacía frío y adentro no lo sufríamos. Podíamos sentarnos largamente y nadie nos decía nada. Eso era lo que buscábamos, que nadie nos dijera nada. Te prometí varias veces que escribiría sobre los personajes que encontramos allí, no lo hice y ahora la memoria solo podría darle paso a la invención. Quizá podría recordar los rostros de quienes se sentaron en nuestra mesa sin decir más y sin decir menos.
Entonces no sabía yo y no sabías tú que esos segundos de Afuera nos llevarían tan adentro por un camino que todavía se construye para felicidad nuestra.
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