Otro de los encuentros más gratos con la poesía ocurrió como todo, donde uno menos piensa y con coincidencias únicas. A Francia y a mí nos daba hambre a la misma hora: las doce del día en punto, un minuto más y estábamos al borde de la histeria o del desmayo. Nos llamábamos de oficina a oficina para citarnos prontísimo en la puerta de la honorable institución en la que tuvimos la gracia cósmica de coincidir y comenzar una vida de sueños juntas. A veces yo subía hasta su oficina y la encontraba leyendo un grueso libro, cuando entraba yo me recitaba un verso que a pesar del hambre de tigre solitario que me poseía lograba retardar la salida a almorzar por un rato. Así conocí a Roberto Juarroz y a Rafael Cadenas, a Francia y a su hijo León Gabriel.
León tenía tres años e iba al jardín infantil Mafalda. Acompañamos varios almuerzos con sus historias de amor, bellas y fatales, absolutamente profundas y reales. Tanto como su amor por Gabrielita Pardo, de quien lo que más me gustaba a mi en sus relatos era el nombre; León sufría de amor por Gabrielita y sufría con unas oraciones tan bonitas que desde entonces ya temía yo todo lo que sentiría León más adelante.
Hoy León tiene 11 años, acaba de publicar su primer libro de poemas, y ayer antes de darme una clase de Tai Chi que me removió todas las energías vitales me regaló su libro, con una dedicatoria y su nueva firma.
Esta corta historia entre la niñez y la poesía que me regala León y Francia Elena es un pequeño homenaje y un agradecimiento inmenso a los dos, por estar ahí siempre y por fijarse en todo aquello que nos devuelve siempre al centro de nosotros mismos.
Las Flores Existen
La noche
La noche se expande
Como una flor
Y su polen suelta
Unas estrellas blancas
Y luminosas
Mientras dormimos
El tulipán
El tulipán se expande como
El cohete de la vida
Puede llegar a marchitarse
Si no hay consuelo
Es el tulipán
El tulipán de la vida.
El girasol
Mientras el día se ilumina
Con el sol
El girasol mira para todas
Las ventanas de la vida
Pero cuando caen rayos
El gira para ser,
Un girasol.
León Gabriel Correa Goenaga.
Ediciones San Librario, 2008
.
León tenía tres años e iba al jardín infantil Mafalda. Acompañamos varios almuerzos con sus historias de amor, bellas y fatales, absolutamente profundas y reales. Tanto como su amor por Gabrielita Pardo, de quien lo que más me gustaba a mi en sus relatos era el nombre; León sufría de amor por Gabrielita y sufría con unas oraciones tan bonitas que desde entonces ya temía yo todo lo que sentiría León más adelante.
Hoy León tiene 11 años, acaba de publicar su primer libro de poemas, y ayer antes de darme una clase de Tai Chi que me removió todas las energías vitales me regaló su libro, con una dedicatoria y su nueva firma.
Esta corta historia entre la niñez y la poesía que me regala León y Francia Elena es un pequeño homenaje y un agradecimiento inmenso a los dos, por estar ahí siempre y por fijarse en todo aquello que nos devuelve siempre al centro de nosotros mismos.
Las Flores Existen
La noche
La noche se expande
Como una flor
Y su polen suelta
Unas estrellas blancas
Y luminosas
Mientras dormimos
El tulipán
El tulipán se expande como
El cohete de la vida
Puede llegar a marchitarse
Si no hay consuelo
Es el tulipán
El tulipán de la vida.
El girasol
Mientras el día se ilumina
Con el sol
El girasol mira para todas
Las ventanas de la vida
Pero cuando caen rayos
El gira para ser,
Un girasol.
León Gabriel Correa Goenaga.
Ediciones San Librario, 2008
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