Recuerdo los arcos,
y después de los arcos,
el color de las paredes,
los techos planos y el sol.
Ardía todo.
Sigue ardiendo.
Si, como una llama por siempre,
allí, aquí, ahora,
en un recuerdo que navega,
rema, inhala un destino.
No hiere dejar de estar en sí.
Es en cambio su opuesto,
pura vida,
contada en un volar,
indiferente a horas y llamados.
Así esquivamos las urgencias,
viajando,
para dibujar los nuevos arcos
de antiguos acueductos
de una tierra que palpita,
y siempre huele a tí.
Amigos
Hace 10 años
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