Cartas, cuentos y crónicas de carapintada

de la mano




Creo que hace tiempo no experimento una emoción igual a la de levantarme y esperar el paso del cartero, el sonido de las bisagras del buzón y el golpe seco o en cascada de los sobres y paquetes que este personaje uniformado deja a su paso. El otro día hablaba con un amigo con quien hace ya muchos años intercambiamos muchas cartas y tardes enteras de palabras sobre la vida. Yo siempre menor, el siempre mayor si se mide en días de calendario, pero de la misma edad en el gusto por compartir el tiempo y hacer que las horas transcurran sin límite como cuando se juega en la infancia. Recordábamos las historias que yo le escribía, y yo recordaba las tardes solitarias de domingo en las que me sentaba al lado de la chimenea de la casa en que vivía para narrarle los aconteceres de los días, aquello que nunca es absolutamente extraordinario pero sí nuevo cada vez. No sé porqué pero siempre quería que él riera con lo que le escribía. O quizá yo creía que él quería que yo fuera feliz y para eso era menester hacerlo reír. Entonces él me puso la tarea de escribirle crónicas, y no solo eso, también le puso nombre al personaje que debía cumplir con la misión: Carapintada. Tardé un rato en ponerme el seudónimo y en darme cuenta que nunca nadie lo había descrito mejor. Mi cara pintada, mi tez morena, cafetosa, mestiza remestiza mi afán por saber, viajar, conocer, salirme cada vez y contar cosas, William había dado en el clavo.

Entonces le decía que este espacio había sido inspirado por él, tanto como las cartas y las crónicas que le escribí, que le escribo. Espero llenarlas de risa cuando pueda, pero a veces no se puede porque el palo no está para cucharas. Y en cambio de los dibujos de las cartas le pondré fotos, como la que aparece arriba, que miro y miro y me parece increíble, que haya maneras de romper círculos tan cerrados como el de las personas que bailan la sardana frente a la catedral de Barcelona, haciendo coincidir una mano que toma otra mano desde fuera. En la foto, hasta el perro que no sale y que sujeta su ama bailaría un poco.

2 comentarios:

Buritaca 200 dijo...

ahora me has revelado el misterio del sobrenombre! aaahhhhhh!
San

Do dijo...

Si, claro. Todo tiene un misterio. Y al final el misterio deja de serlo. Pero lo bueno, o lo malo, es que nunca terminan. Siempre hay más.

Do.