Cuando tenía quizá siete años, recuerdo que teníamos mis hermanas y yo, un tablero. Mi hermana menor no había aprendido a leer todavía y yo le enseñaba a reconocer las sílabas en el tablero. Escribía con tiza blanca "mu" y le decía:
-repite, la eme con la u "mu", la eme con la a "ma", la pe con la o "po", la ele con la a "la".
Completamos palabras fáciles como papá, mamá, palo y tetero. De todo esto recuerdo la emoción que sentía cuando mi hermana sacaba desde muy dentro y sonriendo un arrastrado m...a, ma, t...a, ta, p...e, pe, cuando yo le señalaba con una regla las sílabas en el tablero. Luego fue al cole y aprendió allí las sílabas más difíciles y todas las palabras que hoy me cuenta y que yo no le entiendo. Cosas como "...aspectos inconscientes de la vida psíquica humana... las glándulas secretoras de la adrenalina en casos de...etc." Para mí, la época como profesora de lectura y escritura para mi hermana menor ha sido la más grata profesionalmente. Tanto, que siempre le digo que yo fui quien en realidad le enseñó a leer. Ella por supuesto no me cree y se ríe o se enoja, pero yo, que si lo recuerdo, lo repito con satisfacción.
La cuestión es que ayer vi una película que me conmovió hasta el tuétano y de tanto llorar de alegría quedé cansada y casi no logro dormir (otra vez). La película se trataba precisamente de eso, del deseo y de la posibilidad real de leer y escribir. A veces se nos olvida que seguimos siendo pocos en el mundo los que tenemos la posibilidad de hacerlo, gracias a que nuestros padres o las personas que estuvieron a cargo nuestro lo procuraron así. Sin embargo, hay muchos niños, jóvenes y adultos que no la tienen. Y en esa ignorancia nacen muchos malestares del mundo moderno. Porque el valor que dábamos a la palabra hablada lo perdimos hace tiempo y yo creo que la escritura está hecha de esperanza para matarnos menos entre sí.
Un amigo me decía que veía en el mundo dos tipos de personas: las que leen y las que no lo hacen. Lo cual no es lo mismo que decir, las que leen y las que no saben leer. En la primera clasificación realmente hay una diferencia, un abismo, o quizá ni siquiera se trate de un abismo, es más bien el tamaño del mundo en que vive cada quien. Una persona que lee tiene un mundo grande, diverso, interesante. Una persona que no lee, tiene un mundo muy pequeñito, casi siempre mezquino, temeroso y lleno de prejuicios.
En el grupo de los que no saben leer hay mucho por hacer. Saber leer y escribir salva de muchas cosas. Sobre todo del engaño de otros seres humanos. Ese es uno de los grandes errores que comete Latinoamérica, y mi país, en donde todo el dinero del estado se va todos los días para el ejército mientras siguen naciendo niños que como sus padres, tampoco sabrán leer ni escribir. El analfabetismo es más peligroso que el narcotráfico, o quizá una de sus consecuencias, más peligroso que la guerrilla, mentira, es su raíz más dolorosa. Y la corrupción y la opresión, son justamente el engaño que se ha ejercido desde siempre a la población analfabeta.
Volviendo a la película, esta era una historia de amor sí, de aquellos que duran para siempre, de aquellos que aunque breves se hacen eternos, y por eso mismo verdaderos. Amores para siempre, hasta la tumba, amores como los que describe siempre Gabo. Y allí, en el transcurso de dos vidas, cruzadas por otras por cuestiones del destino, uno de los actos más bellos de amor: la lectura. Y la escritura. No digo más. Vale la pena verla, no sé si muchas veces, pero sí una, como una manera de recordar la importancia de amar, leer, escribir.
Volviendo a la película, esta era una historia de amor sí, de aquellos que duran para siempre, de aquellos que aunque breves se hacen eternos, y por eso mismo verdaderos. Amores para siempre, hasta la tumba, amores como los que describe siempre Gabo. Y allí, en el transcurso de dos vidas, cruzadas por otras por cuestiones del destino, uno de los actos más bellos de amor: la lectura. Y la escritura. No digo más. Vale la pena verla, no sé si muchas veces, pero sí una, como una manera de recordar la importancia de amar, leer, escribir.
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