Cartas, cuentos y crónicas de carapintada

Infierno

Fueron muchas tardes y noches de ruido y preguntas. Crecimos, y el ruido siempre estuvo ahí. Hemos cantado y comido pastel cada vez que para alguno pasa un año más. Tanto tiempo escuchando un ruido que no cesa. Ahora el frío y el calor nos albergan lejos muy lejos de la cercanía que alguna vez compartimos.

Estamos allí, en el infierno.

No siempre son las llamas las que llenan lo hondo de ese lugar. En cambio son historias. Aquellas que nunca rompimos, las que parece que jamás romperemos. Es un espacio lleno de aire que quema, aplaca, achica, rompe.

Quebrados, asomamos la cabeza a la vida y con cuidado encontramos nuestros trozos para pegarlos con los sueños. Así vamos respirando si podemos o reímos si olvidamos.

Lejos de tantas cosas que adoramos y guardamos para cuando la vida agonizara, hablamos entre silencios infinitos y compartimos claves para continuar confiando en un remedio, no importa si fugaz.

Así, enfermos sin estarlo construímos constelaciones con las estrellas que bordamos cada día. Las tuyas, las tuyas, las tuyas y las mías.



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