Cartas, cuentos y crónicas de carapintada

Un final hacia la lentitud




Una mañana el sol estaba radiante. Azul. Daban ganas de estar afuera, sobretodo cuando por gajes del oficio escogido, las horas transcurren frente a la pantalla del computador o las páginas de un libro, por eso los descansos para tomar un café son sagrados y los días soleados una bendición. Así fue el domingo pasado. En mi cabeza saltaban las palabras que William Ospina, en su columna del periódico El Espectador había publicado ese día. El autor hacía una bella reflexión acerca del transcurso y el final del periodo presidencial de George W. Bush.

¿Qué puede tener de bello una columna sobre Bush? Bueno, como dice Antonio Porchia "lo bello se halla removiendo escombros".

Lo que encontré de bello fue que más allá de la descripción de la terrible realidad del mundo occidental, de aquel juego abominable inventado por todas aquellas personas que seguramente son menos tontas que Bush, y que lo sostuvieron durante su mandato hasta que este se reventó, William Ospina rescata algo básico, algo que es necesario y todos olvidamos: volver a las cosas simples.

Esta prédica del crecimiento a expensas de la naturaleza, dejando de lado todos los asuntos que no se plieguen a su lógica de producción frenética, de publicidad invasora, de alarmas mediáticas y del pan cotidiano de los espectáculos, no sólo ha pretendido desterrar del mundo la lentitud, la introspección, la oscuridad, la ausencia, la soledad voluntaria, la creatividad desinteresada, la hospitalidad y el desprendimiento, sino que quiere condenar al fracaso, a la marginalidad, a la postergación y a menudo al resentimiento de todas las actitudes personales y las culturas que no se plieguen a su lógica de rentabilidad, espectáculo, eficacia y multiplicación.

Lo bello es, atreverse a decir que todavía es necesario, como siempre lo ha sido y pese a todo, volver a la lentitud, a la introspección, a la soledad. Todos estos son estados del ser humano que hoy se juzgan como negativos. Hay que ir rápido, hay que evitar estar solo, hay que evitar pensar mucho para no hacerse rollos en la cabeza. En fin, todo lo que hace bien, está mal.

Ahora que ese personaje abandona esa Casa Blanca que sale en postales y periódicos, es un buen momento para ver más allá y dejar la inmediatez del hecho que supone la posesión del nuevo presidente y hacerle un guiño a esto que propone el columnista. Hay que aprovechar los días de sol para estar solo, para pensar, para hacerse rollos, deshacerlos, para ver si en cada uno de nosotros también existe la posibilidad de comenzar de nuevo.





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